lunes, 24 de octubre de 2011

POLICARPO

Se dice que Policarpo fue el pastor de la iglesia en la ciudad de Esmirna, misma que se menciona en la segunda carta que Jesús envió en el Apocalipsis.

Un día, cuando ya tenía una avanzada edad, mientras oraba se quedó dormido y soñó que la almohada que tenía cerca se encendió repentinamente y terminó consumandose. Él despertó de su visión y al instante intuyó que Dios le estaba revelando que su muerte sería en la hoguera por causa del evangelio.

No muchos días después de haber soñado, las autoridades romanas enviaron unos soldados con el fin de atraparlo y ejecutarlo. Los amigos de Policarpo, al darse cuenta de las intenciones de los soldados le propusieron que se escondiera, pero él no quiso. De modo que él mismo les hizo pasar a su casa y mandó que les prepararan una buena comida.

Los soldados por su parte se miraban unos a otros y sintiéndose un poco culpables se decían en secreto: "¿Y para atrapar a este pobre anciano hemos hecho tanto alboroto?".

Después de haber comido, Policarpo les dijo: "Señores, cumplan con las órdenes que les han sido dadas". Entonces le tomaron y se lo llevaron.

Nicetes y su hijo Herodes, llamado el príncipe de paz, fueron al encuentro de los soldados y Policarpo. Hicieron desmontar a Policarpo y le acomodaron en su carro de caballos. Así pensaron persuadirle que negase a Cristo, diciendo: —¿Que te cuesta solamente decir ‘Señor emperador,’ y ofrecer holocausto o incienso ante él, para salvarte la vida?

Policarpo se matuvo firme y siempre les dijo: ¡Jesús es Señor!

Como no lograban convencerle, le golpearon muy fuerte. Pero él se mantuvo en silencio a pesar del dolor. Cuando al fin habían llegado al lugar de la ejecución le propusieron una vez más que negase a Jesús y le rindiera culto al emperador, sin embargo Policarpo les dijo:

He servido a mi Señor Jesucristo durante 86 años y él nunca me ha causado daño alguno. ¿Cómo puedo negar a mi Rey, que hasta el momento me ha guardado de todo mal, y además me ha sido fiel en redimirme?

Al escuchar ese testimonio, el gobernador amenazó de echar a Policarpo al foso de las fieras.

—Tengo listas las fieras y te echaré entre ellas, a menos que cambies de pensar- le dijo el gobernador.

Policarpo contestó sin temor alguno: —Qué vengan las fieras, porque no cambiaré mi fe. No es razonable cambiarnos del bien al mal por razón de las persecuciones; mejor sería que los hacedores de maldad se convirtiesen del mal al bien.

El gobernador respondió: —Está bien, si no quieres negar tú fe y a las fieras no les tienes miedo, te vamos a quemar.

Y en efecto, lo amarraron a un madero. Y antes de que su verdugo le prendiera en fuego pidió que le dejase hacer una última oración en la que dijo a Dios:

"Te ruego, ¡oh, Señor! que me recibas este día, como una ofrenda, de entre el número de tus santos mártires. Cómo Tú, ¡oh Dios verdadero, para quien el mentir es imposible!, me preparaste para este día, y me avisaste de antemano; ya lo has cumplido. Por esto te agradezco, y te alabo sobre todo hombre, y glorifico tú santo nombre por medio de Jesucristo tú Hijo amado, el Sumo sacerdote eterno, a quién, junto contigo y el Espíritu Santo, sea la gloria ahora y para siempre. Amen".

Cuando dijo el "Amén", el verdugo lo prendió en fuego. Y, según se cuenta, mientras se quemaba, miraba al cielo con una agradable sonrisa, como si el mismo Señor Jesús lo estuviera recibiendo en aquella noche de verano del año 168 d.C.

¿Acaso esta historia no es suficiente para inspirar nuestra fe? El personaje de hoy nos muestra que debemos tener determinación al seguir a Cristo. Que debemos procurar nunca negar nuestra fe.

Y negar la fe significa darle el trono de nuestro corazón a cualquier otra cosa o persona que no sea Jesús. Por ejemplo, si puedes vivir un día sin platicar con Dios en oración, pero no puedes vivir un día sin actualizar tu perfil en facebook, quiere decir que esta red social se ha vuelto tu señor.

¡QUE NADA TOME EL LUGAR DE JESÚS EN TU CORAZÓN!

jueves, 20 de octubre de 2011

¡Te olvidaste de mí!

Está bien servir al Señor con fervor y con entrega. Pero no está bien que por estar  involucrados en la iglesia y en la obra nos olvidemos de nuestra familia en casa.


Hay muchos que se merecen un verdadero reconocimiento por su fidelidad de años en el servicio que dan en su iglesia. Otros merecen una reverencia por sus excelentes sermones. No se quedan atrás aquellos que hacen esa noble obra de amor al visitar los enfermos en los hospitales o los reos en las cárceles. Y aunque todo eso es loable y merecen ser reconocidos, hay una carga en mí que me hace escribir hoy para todos ustedes una palabra de exhortación. La hago con humildad, amor y respeto.

Es cierto que muchos de ustedes hacen una labor muy valiosa en la obra de Dios, que son entregados y que ni las tormentas y terremotos son capaces de detenerlos porque están determinados a servir. Y eso es bueno, pero a la vez malo.

Es malo porque a veces por estar tan ocupados queriendo ganar el mundo para Cristo nos olvidamos de nuestros padres, hijos y hermanos en casa.

No esperemos que un día, cuando agonizando y en el lecho de muerte, nuestra madre nos extienda la mano y nos diga: "Hijo, fuiste tantas veces a los hospitales a orar por los enfermos y a mi me dejaste en casa esperándote..."

A lo mejor un día encontremos a uno de nuestros hermanos tirado en la calle, preso de los vicios y al borde de la muerte, y con voz aflautada y moribunda nos diga: "Estuviste tan ocupado con los jóvenes de la iglesia que te olvidaste de enseñarme el camino a mí... y ahora mírame, pero mírame a los ojos y descubre por fin que estoy muriendo..."

Quizá un día tu hijo te diga: "papá o mamá, estuviste siempre en la iglesia y a mi me dejaste solo en casa, tomastes a muchos y fuistes un padre espiritual para ellos, pero yo siempre te esperé en casa y cuando llegabas estabas tan cansado que nunca me escuchaste, nunca me aconsajaste, nunca me pastoreaste y ahora muero sin Cristo y sin esperanza...".

¿Quieren ganar el mundo? Empiecen con su casa. De lo contrario habrán ganado el mundo pero habrán perdido sus seres queridos.

Sepultados en oro

¿Estás afanado amontonando riquezas? 

Durante la época de la fiebre del oro, unos aventureros se dirigieron a Alaska en búsqueda del dorado metal. Encontraron una caverna y allí trabajaron con mucha suerte, pues existía una veta muy grande. El gran problema que tenían era el tiempo; pues llegaría la época de las nevadas, y sería imposible pasarla allí por el intenso frío. Los nuevos ricos se habían entusiasmado tanto con el oro que afanosamente trabajaron para acumular todo lo más que pudieron. Pronto comenzó a nevar, y pensaron que podían quedarse un poco más, pues estaban acumulando grandes cantidades de oro. La nieve en ese año fue muy intensa. Mientras los mineros amontonaban oro adentro, la nieve se juntaba afuera hasta tapar la entrada de la caverna. Entonces los hombres se dieron cuenta que no podían salir de la caverna. Lo peor de todo es que se quedaron sin víveres. Después de algunos días la muerte se quedó con todo: con las vidas y con el oro.

La codicia es una vocación por conseguir mucho dinero, pero jamás nos dice lo que terminará cobrándonos por lograrlo.

Jesús dijo: "busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas". (Mt 6:33).

No te preocupes tanto por amontonar riquezas, pues ellas son efímeras, por eso mejor busca el reino de Dios, y te darás cuenta que las riquezas consisten en compartir con los demás lo que tenemos... y curiosamente, entre más compartimos más tenemos.



Ezequiel Barrera

El jamás te fallará


Escrito por Marisol Montalvo
Muchas veces podemos sentirnos solos, débiles, indefensos, hasta llegamos a pensar que vamos a desfallecer, o que ya no podemos más, y no pensamos en continuar o seguir adelante, déjame decirte algo: No estas solo en tu grande debilidad, problema o dificultad, el Señor esta contigo y sabe lo que te acontece y como te sientes, y el es el todopoderoso, y tal vez pensemos o sintamos que esta lejos de nosotros, pero no es asi, nos equivocamos al pensar asi, porque El esta allí con cada uno de nosotros, esperando que nos demos cuenta de su presencia que esta acompañándonos y que ha sido tan valiente como para quedarse al lado nuestro en las más grandes de las tempestades, el no es como el amigo que te puede traicionar, o que si ve que las cosas se ponen difíciles o que van mal te va abandonar, el definitivamente no es asi, solo pensemos en sus discípulos el claramente les dijo que no los iba dejar huérfanos o solos, y les iba enviar a su espíritu de amor y de verdad quien los dirigiría y acompañaría en su vida, y asi lo hizo, envió al más grande regalo a esta tierra, por eso yo te digo que no estas solo.

Aunque no entendamos bien nuestra relación con él porque su gran amor excede todo conocimiento, a veces el solo esta esperando fielmente que lo incluyas en tu vida y lo tomes en cuenta para obrar grandemente en nuestra vida, para usarnos o para llenarnos de bendición, lo importante es que le demos el lugar que se merece en nuestro corazón, pues el claramente nos lo dice en su palabra “separados de mi nada podéis hacer” Juan 15:5

Y puedes estar seguro de esto, Ahora cuando sientas que ya no puedes más y que allí perecerás piensa en El señor que de seguro esta detrás de ti para respaldarte, y si caes o tropiezas para sostenerte, también nos promete en su palabra

“Cuando anduvieres no se estrecharan tus pasos y si corrieres no tropezaras” Prov. 4:12

El es el amigo que por decir asi No te fallará, no te dejara perder jamás, asi que si ves todo tu alrededor derrumbado, lleno de escombros y no ves una luz que mejore las cosas intenta ver a Jesús, levanta tu mirada, y búscalo a El en medio de la devastación y la desolación te aseguro que lo encontraras y que esta cerca de ti, a lo mejor a tu lado, allí a la par tuya o atrás respaldándote y protegiéndote, pero si el rey del cielo todopoderoso esta contigo no tienes de que preocuparte,

“Caerán a tu lado mil y diez mil a tu diestra mas a ti no te llegará” dice el libro de los salmos, es una promesa que nos hace y es seguro que la cumplirá, solo debemos confiar en El y creer en su palabra, porque si alguien nos demuestra amor es Jesús ¿Sabes que hizo por ti? Dio su vida, se sacrificó en la cruz del calvario por ti y por mí, llevando nuestras culpas y haciéndonos libres de la esclavitud del pecado, dándonos el regalo de la vida eterna.

Ahora solo le pido al señor que nos ayude a poder verlo, reconocerlo y hasta sentirlo cuando estemos al borde de la debilidad y puedas darte cuenta que si sufres no estas sufriendo solo!!

Aun si estas en lo mas profundo del valle de sombras, en lo mas bajo que podamos caer, tocando el fondo El esta contigo y de allí te puede sacar, ¿vas a confiar en el?

lunes, 17 de octubre de 2011

Más que lo bueno, hay que hacer lo correcto

Muchas veces nos emocionamos queriendo hacer varias cosas para Dios, cosas que a lo mejor Dios no nos está pidiendo que hagamos, aunque sean buenas.

David Wilkerson, un hombre de Dios que partió en este año, había sido llamado por Dios a trabajar con jóvenes drogadictos y pandilleros para que después de llevarles a Cristo puedieran reinsertarse en la sociedad. Él, como muchos de nosotros, tenía un corazón totalmente dispuesto a servirle al Señor. Tanta era su disposición por servir que un día tuvo la fabulosa idea, según él, de fundar una casa para niños huerfanos. Hizo unas llamadas, agotó algunos ahorros del ministerio al que había sido llamado e invirtió cinco mil dólares en los planos de la nueva casa para niños huerfanos. Pero unos días antes de que se comemzara a construir esa casa para niños huerfanos, Dios le habló en oración y le dijo: "David, ¿Qué estás haciéndo? ¿Acaso yo te he dicho que construyas esa casa para niños huerfanos? Sé que tu intención es buena, pero yo no te he llamado a que trabajes con niños huerfanos, te llame a que con mi poder restaures a los jóvenes drogadictos y pandilleros. A eso dedicate y a eso enfoca tus energías". Wilkerson, por su parte, comprendió la valiosa lección que Dios le estaba dando:

Si queremos servir a Dios, debemos hacer exactamente lo que él nos llamó a hacer. No más, no menos. Y si queremos hacer otras cosas para Dios, aunque sean buenas, no son correctas.

Esta historia también me recuerda el relato bíblico en que el rey David quería construir el templo del Señor. Su intención era buena, es más el profeta Natán vio el proyecto con buenos ojos. Pero entonces el Señor intervino hablándole a Natán para que le dijese a David que él no debía construirlo, sino su hijo Salomón.

Por si estos ejemplos fueran poco, también podemos recordar el suceso en que el rey David quería llevar el Arca del Señor a Jerusalén. En el camino, los bueyes que la transportaban tropezaban mucho, así que Uza, uno de los que guiaba el carro, para evitar que se cayera extendio su mano para detenerla. Pero Dios lo hirió de muerte en ese mismo momento porque él no era sacerdote, y solo los sacerdotes podían tocarla. La intención de Uza fue buena, pero no correcta  porque Dios no lo había facultado como sacerdote ya que él no era levita, y por ello murió.

En lo personal, yo también me he equivocado muchas veces escribiendo cosas que Dios nunca me dijo que escribiera, predicando cosas que él nunca me dijo que predicara, yendo a lugares a hacer su obra que él nunca me dijo que fuera. Me ha cosatado años entender esta verdad, por eso creo que tengo la experiencia y los argumentos para decirte: "No te emociones y limitate a hacer exactamente lo que él te ha dicho que hagas, de lo contrario te encontrarás  empatanado haciendo muchas cosas, pero a la vez nada".

No todo lo que nos propongamos hacer para Dios es correcto, aunque la intención sea buena. Debemos enfocar nuestras fuerzas y recursos solamente en lo que Dios nos ha dicho que hagamos. No más, no menos.

viernes, 14 de octubre de 2011

¿Cuánto confían en ti?

Te has preguntado ¿Cuánta confianza inspiras en las personas? ¿Cuánto reflejas a Cristo?
Se cuenta que a Dionisio I, un tirano de Siracusa cuyo reinado estuvo marcado por sus enfrentamientos con Cartago por el control de Sicilia, le fue pedido por uno de sus presos capturados en la batalla que le soltase porque debía atender un asunto de vida o muerte con su familia y que después regresaría para cumplir con su condena de sentenciado a muerte.

Dionisio I por su parte, que le daba igual ejecutar a uno que a otro, le propuso el siguiente trato: "Te dejaré ir solamente si encuetras a un sustituto y si no regresas en el tiempo indicado, lo ejecutaré a él".

El prisionero le comentó a un amigo suyo el trato y éste, ya que confíaba ciegamente en su amigo, aceptó con todo y sus consecuencias. Al principio, esta muestra de confianza del que quedó como rehén causó admiración entre todos, pero el paso de los días tornó la admiración en burla. Aún así, el rehén seguía manteniendo su confianza. El día anterior al previsto para la ejecución, en medio de todos los preparativos, su amigo apareció. Aquel acto de confianza que el sustituto tuvo, conmovió a Dionisio I y les dejó libres.

Una de las cosas más bonitas de la vida es que las personas confíen en tu palabra, que te tengan confianza, que vean reflejado a Cristo en ti. Y que estén dispuesto a ser hasta sustitutos tuyos en un caso como el que acabo de relatar. Por eso Jesús decía:

"Que tu Sí sea sí, y que tu NO sea no" (Mt 5:37).

Con esas palabras, Jesús estaba diciéndo que cuando las personas te escuchen hablar estén seguras que lo dices es veraz y que en ti no hay mentira. Que ponerse a jurar es para aquellos a quienes las personas no les tienen confianza.

Solamente cuando tu vida está entonada con tus palabras, las personas te creerán y confiaran en que lo que dices es verdad. Si deseas reflejar a Cristo, comienza a ser una persona veraz y consecuentemente las personas depositarán su confianza en ti y jamás dudarán en defenderte y jugarse el "pellejo" por ti.

Ezequiel Barrera

sábado, 1 de octubre de 2011

Clavito: ¡tú eres importante!

Tu función en el cuerpo de Cristo es muy importante, ¡jamás pienses lo contrario!


En una ocasión, un clavito estaba muy triste porque se sentía inútil en la herradura del caballo. Pensaba que la herradura era más importante que él, ya que servía como zapato al elegante caballo de carreras. La silla de montar era de gran importancia para el jinete. Y el caballo, sobre todo, era el más imprescindible en todo este asunto. Así que decidió salirse de la herradura y echarse en el primer bote de basura que encontrara en su camino. Y así lo hizo, se salió y se dejó caer en un bote de basura. Pero a la tarde, cuando el caballo y el jinete salieron a la pista a competir por el primer lugar en la carrera, los demás clavitos de la herradura no soportaron, y a pesar de hacer su máximo esfuerzo se soltaron. Eso provocó que el caballo perdiera el equilibrio hasta terminar en el suelo. El jinete salió volando, y de la caída perdió la vida. Así que los demás clavitos fueron a buscar al clavito entre la basura y le explicaron todo lo que pasó, y desde entonces, el pequeño clavito comprendió que su función en la herradura era tan importante como la de los demás.

Es probable que te encuentres triste porque piensas que tu función en el cuerpo de Cristo no es tan importante. Observas a los grandes predicadores y piensas que ellos sí son importantes. Miras a los cantantes y concluyes que cantar a Dios es algo valioso. Pero tú piensas que eres solamente el que limpia los baños de la iglesia, a lo mejor solo eres el que estaciona los automóviles en el aparcamiento del templo, quizá el que recoge la ofrenda, probablemente solo eres el que ora para que el Señor use al pastor en la predicación... pues bien, déjame decirte que tu función en el cuerpo de Cristo, y en la congregación a la que asistes, es muy valiosa.

Tu función en el cuerpo de Cristo es tan importante como la del predicador o como la del cantante de alabanzas. Así que no te desanimes, tú eres importante.  Eres como ese clavito, importante como los que ejercen otras funciones en el cuerpo de Cristo.

No intentes ser predicador si nos has sido llamado a eso. No procures ser cantante si tu llamado es otro. ¡Has exactamente lo que Dios te encomendó, pues eso hará que las cosas marchen bien en el cuerpo de Cristo!

(1Co 12).